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La Historia de un Soñador

La historia de un Cubano refugiado en Madrid, repartidor de pintura que se convirtió en una persona libre personal y financieramente a través de ayudar a miles de personas a crear su propia libertad.

Luis Costa y Cristina Costa

Esta es una transcripción de un ensayo escrito por Luis en el año 1985, seguramente para una de sus clases de la Universidad.

 

La situación: Cris y Luis llevan 2 años casados, 1 año viviendo en Miami, están estudiando y trabajando. Aún no conocen el negocio de Amway.

Ensayo escrito por Luis Costa
Capítulo 1 - Mi infancia

Nací un 24 de Agosto de 1960 en La Habana, Cuba, en una familia currante. Mi mamá era una maestra de escuela primaria y mi papá, nadie sabía exactamente cómo, pero siempre tenía dinero.

 

Mi infancia se puede dividir en dos cortas etapas. Primero, mis años de pre-escolar, de los cuales, obviamente no me acuerdo, pero estoy seguro de que no fueron nada especial; y la segunda, después de entrar en el colegio.

 

Durante mis años en la escuela primaria estuve en dos colegios distintos. A la edad de 5 años, en 1965, empecé en el jardín de infancia en un lugar cerca de mi casa llamado “Felipe Poey” donde me quedé hasta el primer grado. En 1967, debido a problemas familiares, me mandaron a casa de mi abuela en Pinar del Río donde cursé 2º grado. Regresé a La Habana en 1968 donde volví a mi antigua escuela en la cual terminé en 1972.

 

Soy una persona bastante extrovertida, por tanto, tenía grandes amistades con todos mis compañeros de clase. Sin embargo, en lugar de estar en clase, prefería pasar mi tiempo jugando al baseball con mis compañeros (por cierto, el baseball es mi deporte favorito). De hecho, la mayoría de las veces, ¡era yo el que organizaba los partidos durante las horas de clase! Esto me trajo un estatus de líder y gran admiración entre mis compañeros, aunque no tanto entre mis profesores que llamaban frecuentemente a mi mamá y, en consecuencia, pasé muchos fines de semana castigado.

 

Durante esta etapa de mi vida, mi casa no era exactamente un lugar adecuado para que creciera un niño. Muchas veces mi papá llegaba a casa borracho y mi mamá le echaba la bronca, lo que empezaba las discusiones. Gracias a Dios que mi mamá nunca dejó que él la pegara. En 1967 mi papá nos abandonó, y por ello me fui a vivir con mi abuela, pero él regresó al cabo de un año. Nuestra familia parecía que volvía a la normalidad, pero desafortunadamente, no por mucho más tiempo, porque mi papá volvió a caer en la bebida, lo que trajo más peleas. El matrimonio de mis papás se acabó definitivamente en marzo de 1970 cuando mi papá abandonó Cuba y se fue a los Estados Unidos de América con su segunda esposa y sus dos hijos.

 

Esta situación trajo momentos duros para mi familia ya que mi mamá tuvo que trabajar en dos empleos, pero, por lo menos, había paz. Mi mamá se tomó su nuevo rol de madre y padre muy bien y mi hermana y yo crecimos sin problemas.

 

Tras terminar la escuela primaria, el siguiente paso era la escuela secundaria. Todos los problemas que habían sucedido en mi casa me habían hecho más responsable, así que me convertí en un estudiante más disciplinado, aunque aún así lejos de lo que mi mamá esperaba de mí. Recuerdo que no era capaz de quedarme quieto en clase, o de estar en silencio y más de una vez me echaron del aula llevándome a más castigos por parte de mi mamá. Sin embargo, mis notas empezaron a mejorar y al final de la escuela secundaria mi media era de un notable.

 

Descubrí el amor en 2º de la ESO. Al comenzar el curso escolar de 1973, había una niña nueva en clase que se llamaba Marilyn. Fue amor a primera vista y una semana más tarde, le pedí salir. Pero no fue hasta el final de curso que empezamos a salir juntos. Eso fue el principio de una profunda y emocionante relación que duró 5 años y que tuvo que terminar cuando yo me fui a estudiar a Polonia en 1979.

Luis Costa en la escuela primaria
Capítulo 2 - Mi adolescencia

Durante la escuela secundaria había una actividad que se llamaba “trabajar en la granja.” Este invento comunista consistía en coger a todos los estudiantes entre los 12 y 18 años de edad y llevarlos a trabajar voluntariamente durante 45 días en cualquier sitio donde la revolución los necesitara. Normalmente trabajábamos en las plantaciones de azúcar o de tabaco. La razón principal por la que nos obligaban a hacer esto, no era para hacernos trabajar, ya que, en realidad, perdían mucho dinero en estas operaciones, sino para mantenernos lejos de nuestras familias y hacer lo que es conocido en el mundo libre como “lavadero de cocos.”

 

Una día normal en estos colegios era una cosa así:

 

7:00 – Hora de levantarse

                                           

7:30 - 12:00 – Trabajar en las plantaciones

 

12:30 - 14:00 – Comer

 

14:00 - 17:00 – Trabajar en las plantaciones

 

17:30 – Ducha y cena

 

18:00 – Actividades

Diploma de Bachillerato de Luis Costa

Mi diploma del Bachillerato

Estas  actividades básicamente consistían en leer los discursos de Fidel Castro o analizar discursos acerca del “Paraíso Soviético.” Los sábados trabajábamos hasta las 12:00 con lo cual después de las 14:00 teníamos tiempo libre. Participábamos en distintas actividades culturales como bailes, juegos, ver series de la TV, etc. pero siempre dentro del campamento. Los domingos eran los únicos días que estábamos permitidos ver a nuestros padres.

 

En Cuba el “bachillerato” está considerado como la “pre-universidad” por tanto lo que uno estudiaba en la universidad dependía de las calificaciones que obtenías durante estos dos años. Esto significa: que si tus notas son buenas, y tu perfil político está limpio, podrás elegir una carrera. Si no, corrías el riesgo de no entrar en la universidad y por tanto, tener que servir en las Fuerzas Armadas, lo que significaba una de dos cosas: te mandaban a África o a Nicaragua o en el mejor de los casos te quedabas en la base de la isla.

 

Bajo esta presión, terminé la secundaria y entre en bachillerato. Puse todo mi esfuerzo en conseguir buenas calificaciones y de mantener mi perfil político lo más limpio posible. Cuando llegaba a casa, repasaba y repasaba. Adicionalmente, participaba en la mayoría de las actividades políticas de la escuela.

 

Todo mi esfuerzo valió la pena cuando en Abril de 1978, un mes antes de terminar el bachillerato, me gané una beca para estudiar en la Universidad de Polonia. Por primera vez en mi vida, mi madre estaba orgullosa de su hijo, y yo era el hombre más feliz de la tierra porque conseguí lo que estaba buscando: una manera de escapar de Cuba.

 

Después de dos años de duro trabajo en el bachillerato, debía enfrentarme a algo aún más duro, de hecho, el último paso para salir; un curso intensivo de Polaco que incluía idioma, matemáticas, química y física, todo en polaco. El curso se dió en La Habana durante 1978-1979. Empezábamos clase a las 8:00 de la mañana, dábamos tres clases de dos horas cada una, y por la tarde, educación física. El curso fue tan duro, que en septiembre empezamos 30, pero solo 12 llegaron a Polonia. Yo estaba entre ellos.

Capítulo 3 - La universidad

Una vez que estábamos en Polonia, por una mala decisión del gobierno Cubano, tuvimos que repetir el primer año porque estábamos pobremente preparados para cursar asignaturas con otros estudiantes polacos. Deberíamos haber tomado otro curso adicional al que hicimos en Cuba. Pero, aunque nunca antes un estudiante extranjero había aprobado todo un curso en ninguna universidad Polaca sin antes haber tomado un curso impartido por la Universidad de Lódz, el gobierno Cubano quería arriesgarse, nos dejaron quedarnos. Los resultados fueron claros, ninguno de nosotros aprobó el curso y tuvimos que repetir el año.

 

Las condiciones de vida en la residencia de estudiantes eran normales. El barrio donde vivíamos los estudiantes se conocía como la “ciudad universitaria” porque todos los estudiantes de la Universidad de Szczecin vivíamos allí. Había más de diez edificios de 4 plantas rodeando una plaza con una discoteca, bares y cafeterías de estudiantes. Las habitaciones eran para dos personas, con dos camas, dos armarios, dos escritorios y otras cosas necesarias para la vida universitaria, incluyendo una estufa de carbón.

 

La gente polaca era muy agradable y fueron muy hospitalarios con nosotros. Desde el primer día de clases nuestros compañeros polacos nos ofrecieron su ayuda. No solo nos ayudaban con nuestras asignaturas dejándonos sus apuntes y dándonos clases de repaso, también con su gran amabilidad nos ayudaron a no echar de menos nuestro hogar. Casi todos los fines de semana tenía invitaciones para ir a sus casas, y por ejemplo, durante mi primera Navidad tuve tres invitaciones de familias distintas para pasar las vacaciones con ellos. Desde luego puedo decir que los polacos son gente muy amable.

 

Suspender el primer año fue una experiencia desagradable que no nos permitirían repetir de nuevo bajo ninguna circunstancia. Sabiendo esto, empecé el primer curso por segunda vez. Estudié mucho y con la ayuda de mis amigos polacos conseguí sobrepasar la dificultad del idioma y a final de curso los resultados fueron buenos. Pasé el primer curso y ya estaba preparado para unas vacaciones bien merecidas con mi familia en Cuba.

 

Mi tiempo en Cuba no fue solo para relajarme. Una vez que llegué allí le conté a mi madre sobre Solidaridad, sobre las huelgas, y de toda la inquietud que había en Polonia. Le conté que después de esos dos años en Polonia estaba totalmente convencido de que el Comunismo era la mayor mentira del siglo y que después de la universidad me desentendía de ello. Yo iba a ser libre.

 

Cuando volví a Polonia, la situación política era aún más tensa que cuando me fui. Era septiembre de 1981 y el movimiento Solidaridad se había expandido por todo el país. Contaba con más de 18 millones de miembros contra menos de un millón del partido Comunista. Sin embargo, la ventaja no fue suficiente porque los Comunistas tenían el poder, las armas y el respaldo de la Unión Soviética. Toda esperanza de libertad se disipó el 13 de diciembre de 1981 cuando el General Jaruselski tomó el poder, instaló la ley marcial en todo el país y mandó a todos los líderes de Solidaridad a la cárcel.

 

El gobierno Cubano no quería dejar a sus estudiantes en Polonia bajo estas condiciones y decidió mandarnos a todos a la Unión Soviética. Era por una simple razón: estaban preparándonos para ser líderes Comunistas y no debíamos ver lo que estaba sucediendo en Polonia. Bajo el pretexto de que Polonia no ofrecía las condiciones ideales para que estudiáramos, nos mandaron a la Unión Soviética.

 

Cuatro de mis compañeros y yo no estábamos de acuerdo con esta decisión y pedimos volver a Cuba. Mi compañero de piso, Julio, y yo teníamos una simple razón para tomar esta decisión. No habíamos abandonado todavía porque queríamos hacerlo una vez graduados. En Polonia siempre teníamos la oportunidad de escapar porque si nos íbamos en avión, había que hacer escala en España o en Canadá porque no había vuelos directos de Varsovia a La Habana. Si regresábamos en barco tenía que pasar por Kielce, en Alemania del Este. Teníamos la oportunidad para pedir asilo político en cualquiera de estos sitios. En cambio, la Unión Soviética solo nos ofrecía la oportunidad de escapar si nos devolvían en avión y no podíamos arriesgarnos.

Luis Costa con amigos
Capítulo 4 - La escapada

Después de planear cada detalle de nuestro plan de escapada, llegamos a Praga, el primer paso de nuestro plan, el 31 de enero, 1982. Todo iba sobre ruedas. Cogimos un tren a Praga desde Varsovia la noche de sábado, 30 de enero y llegamos a mediodía del día siguiente. Después de comer, fuimos a la Embajada Cubana donde se supone que teníamos que coger nuestros billetes de avión y encontrarnos con la persona que nos llevaría al aeropuerto. Llegamos al aeropuerto de Praga a las 14:00 de la tarde, pero nuestro vuelo no se iba hasta las 16:00. Estábamos bastante nerviosos así que decidimos tomarnos unas cañas en el bar para calmarnos. Fuimos al bar a pasar las dos horas más largas de nuestras vidas. Finalmente, llegaron las 16:00 y pudimos embarcar en el avión.

 

El avión Ruso no era demasiado cómodo, pero lo suficiente para llegar a España, el último paso de nuestro plan. Cuatro horas más tarde aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Barajas, Madrid, y según nuestro plan, al llegar iríamos a un Policía Español y pediríamos asilo político. Pero claro, eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Esa hora entre vuelos en Madrid pasó tan rápido que antes de darnos cuenta ya estaban llamando para embarcar al avión. Es como si nos hubieran robado la voz y no pudiésemos hablar. De repente, Julio empezó a correr hacia un policía gritando “¡QUIERO ASILO POLÍTICO, QUIERO ASILO POLÍTICO!” Sin pensarlo, empecé a correr tras él y media hora más tarde estábamos contestando las preguntas de los oficiales del aeropuerto donde nos dieron la bienvenida al mundo libre. En ese momento, Julio y yo nos abrazamos y seguramente éramos los hombre más felices sobre la faz de la Tierra.  Por fin, después de todas las dificultades y los miedos, éramos libres.

 

Una vez en España, hubo una serie de factores que dificultaron mucho las cosas. Primero de todo, la situación económica en España estaba bastante deprimida. Había un 18% de desempleados, de los que el 12% eran personas que nunca habían trabajado, y yo, definitivamente estaba en esa categoría. Segundo, la vida en un país libre era completamente diferente. Habiendo crecido sin libertad, tardé tiempo en aprender a hacer las cosas sin que el gobierno me lo dijese. La tercera, y última, era que no conocía ni a una sola alma en toda la ciudad de Madrid.

 

A pesar de todos estos factores, y con un poco de ayuda del gobierno Español, pude empezar.  El Estado nos pagaba ciento ochenta dólares al mes, lo que nos daba para pagar el alquiler y algo de comida. Esto significaba que teníamos que encontrar trabajo. Hice cualquier cosa que podía, desde pintor de brocha gorda a lavadero de coches.

 

Una vez que fui reconocido como un refugiado político por las Naciones Unidas, pude, por primera vez, poner mis conocimientos de Polaco a buen uso.  Había una gran cantidad de refugiados Polacos en Madrid y como no había traductores del Español al Polaco, me llamaron para hacer de traductor. Aunque no me pagaban por el servicio, conocí a mucha gente importante de la policía Española y de la Cruz Roja que me ayudaría en el futuro.

Capítulo 5 - El baseball

El Baseball no es un deporte profesional en España, y por lo tanto no es muy popular. Sin embargo, sí que había una liga amateur con cinco equipos. Solo había un estadio en Madrid, con lo cual, cada equipo entrenaba una vez a la semana y jugaban los fines de semana.

 

Me enteré que existía esta liga en Junio y decidí que me gustaría jugar. Así que una tarde soleada fui al estadio y justo coincidió que había un equipo entrenando, el Club de Baseball de San Blas. Le dije al entrenador que yo había jugado al baseball en Cuba y que me gustaría jugar en su equipo. Después de una pequeña prueba en la tercera base me apunté para jugar con ellos. En ese momento no sabía que ese pequeño equipo de baseball Español iba a cambiar mi vida como lo hizo.  No sabía que ahí conocería a mi esposa.

Mi esposa, Cris, es Americana de padres mixtos. Su madre es Española y su padre es Americano. Nació en Moses Lake, Washington. Su padre estaba en las fuerzas aéreas cuando se retiró y se mudaron a España.

 

Desde que era niña, le encantaban los deportes y su sueño era ser entrenadora. Después de la secundaria fue a Lock Haven State College en Pensilvania donde estudiaba Educación Física.  Después de dos meses volvió a casa porque echaba de menos a su familia. Estaba intentando entrar en la Universidad española mientras ayudaba a entrenar a un grupo de chicos en las divisiones más pequeñas del club.

Luis Costa jugando al Beisbol
Capítulo 6 -El Sueño Americano

La temporada de 1982 se acabó en Agosto y la temporada de 1983 no empezaba hasta febrero.  El 23 de marzo de 1983 tuvimos nuestra primera cita. Después de unas cuantas citas decidimos que sería buena ir a los Estados Unidos a vivir. Llegar hasta allí no sería tan fácil como pensamos. Yo no podía entrar en los Estados Unidos como inmigrante porque las cuotas de inmigrantes Cubanos se habían cortado y yo no tenía familia inmediata que viviera en los Estado Unidos.

 

Bajo estas condiciones no tuvimos otra opción que casarnos, y en Mayo de 1983 lo hicimos. Esto me daba primera prioridad en el punto de inmigración.

 

Una vez casados pensamos que sería fácil entrar en los Estados Unidos, pero según el Consul Americano en Madrid yo tenía problemas políticos que se tenían que resolver antes de darme la Visa. La ley de inmigración decía que ningún miembro del partido Nazi o Comunista puede entrar en los Estados Unidos de América a menos que el miembro pudiese probar que fue presionado para formar parte de ella o para conseguir raciones de alimento. Yo les dije que tuve que pertenecer a ellos para poder conseguir una beca y consecuentemente poder huir.

 

Finalmente, después de mucho insistir y muchos “no’s” frustrantes, recibí mi visa el 2 de Julio de 1984, más de un año después de que empezamos todo el proceso. Un mes más tarde estábamos aterrizando en el Aeropuerto JFK de Nueva York.

 

Tras pasar un par de días en Pensilvania con la familia de Cris, llegamos a Miami donde mi madrastra y mis medio-hermanas nos esperaban.

 

Como millones de inmigrantes antes que yo, traje mis sueños y metas conmigo. También traje mi idea de lo que serían los Estados Unidos de América, algo que no llegó a coincidir. Pero, también como los millones de inmigrantes antes que mi, tuve que empezar a trabajar por mis sueños y metas. No fue fácil. Nunca fue fácil, y probablemente nunca lo será, pero esta es la tierra de las oportunidades y el Gran Sueño Americano. Hemos intentado aprovechar todas las oportunidades y después de casi un año y medio ya hemos empezado a plantar raíces aquí en los Estados Unidos y creando nuestro hogar.

 

 

 

 

 

 

 

Boda Civil Mayo 1983 de Cristina y Luis Costa
Boda Civil en Mayo 1983 de Cristina y Luis Costa
En el punto más al sur de los EEUU, Florida

Si quieres continuar la  historia...

Conferencia de Luis contando su historia en una conferencia en Argentina en el año 1995.

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